Conocida como “La voz de oro de Ayacucho”, de hablar pausado y con una performance siempre positiva e intencionalmente orientada a mantener la esencia de la música andina tradicional, Saywa abrió su corazón y su casa para darse a conocer como la cantante exitosa que ha logrado forjar en su hija un espíritu vencedor que ya hizo feliz al Perú entero cuando ganó en Viña del Mar y continúa en esa incansable labor cultural.
¿Desde cuándo cantas?
Yo era una niña muy tímida, recién a los 18 años, cuando nació Damaris, me puse a pensar en lo que quería hacer y decidí que iba a dedicarme al canto, porque sentía un amor muy apasionado por la música, por el folclore, por mi tierra. Debido a que había dejado mi pueblo Paccho, en el distrito de Vinchos en Ayacucho para vivir en Huancayo.
¿Fueron muy difíciles tus inicios musicales?
Sí, pero contaba con la ayuda de mi madre. Sin ella no lo hubiera logrado porque se quedaba con Dámaris en Huancayo, mientras yo cantaba en Lima, los fines de semana. Pero lo más difícil fue radicar en Lima en forma definitiva, empezar de cero, pelear porque pongan mi nombre en la pizarra de la peña que cantaba. En ese tiempo las estrellas eran Pastorita Huaracina y Nelly Munguía. No llegué a conocer al Jilguero de los Andes.
Pero ya existía el folclor comercial ¿qué te impulsó a mantenerte en el tradicional?
En ese tiempo había un movimiento de folclore más cultural, por eso me enamoré de la música. Recuerdo grandes conciertos en el Campo de Marte, también en el Teatro Municipal.
¿En algún momento sentiste que hubo debacle en nuestro folclore?
No lo siento como una debacle, pero hubo un tiempo en que todo lo serrano era despreciado y te decían ¿Ayacucho, serrano Uchuraccay? Y te maltrataban, nos veían como a seres inferiores, tontos, porque se les había quedado el complejo de los españoles.
Y actualmente ¿cómo ves el movimiento folclórico?
Muchos se han dejado llevar por lo rápido, lo fácil. Antes la música tenía mensaje, era poesía, metáfora, en cambio ahora te dicen lo que quieres escuchar.
¿Alguna vez te sentiste tentada a incursionar en la música fácil?
Esa que dice dame ron para morir, no, porque para que yo cante una canción tengo que sentirla y expresarla. Pese a que hubo momentos en que me dijeron graba esta canción y la haces, serás famosa, pero cuando escuchaba la letra no la grababa, porque no ibaser feliz. Nunca he visto mi carrera de una manera comercial, creo que los cantantes somos maestros y jamás podría cantar ‘anda mátate’ a un depresivo o a un alcohólico incentivarlo a que tome licor. Me sentiría remal. Mi música tiene que tener algo positivo.
Y a pesar de eso vives de la música…
Sí, pero ha sido difícil, por eso entiendo a mis compañeros de arte que cambiaron de género, porque es muy complicado no tener una presentación en un mes, esas cosas te pueden llevar a la desesperación de decir ‘qué importa, grabaré esta canción para vivir’. En mi caso gracias a Dios, he podido vivir de la música que me gusta y ahora luego de 23 años de vida artística puedo decir que valió la pena.
¿Cómo te sientes al compartir escenario con tu hija?
Emocionada y feliz, sobre todo porque el espectáculo en el Peruano Japonés el 30 y 31 de este mes, marcará la presentación del tema “Volver a mi tierra”, el cual estoy segura se convertirá en un himno de los provincianos y el inicio de este año cantando junto a mi querida Damaris.
¿Qué tal suegra eres?
Prefiero ser una buena mamá.
Damaris: “Lo mío siempre fue la música”
Su frágil figura contrasta con la fuerza que pone en los escenarios y es que para Damaris Mallma Porras, siempre la música fue su primera opción desde muy pequeña y los escenarios su modus vivendi, por ello la “Gaviota de Plata” obtenida por su tema “Tusuy Kusun” en Viña del Mar, sólo ha sido un peldaño para continuar avanzando hacia el estrellato internacional.
¿Cuándo descubres que querías ser cantante?
Siempre, porque desde que mi madre me regaló un charanguito lo toqué y me encantó. Pero fue a los 12 años que me di cuenta que me gustaba cantar, pero me dije que no quería ser como ella que canta una canción y otros cantantes también y se repetía toda la noche, no, yo quiero hacer mi propia canción. Y la compuse a los 12. Ya ni la recuerdo pero era una baladita que me costó mucho hacer, pero luego de la tercera canción se hizo más fácil.
Pero cuando terminaste la secundaria…
Ya escribía mis canciones y las cantaba, al terminar el colegio mientras los otros elegían carreras yo pensaba solo en cantar, porque mi mamá lo había hecho y lo veía muy natural. Pero sólo se lo dije a ella cuando decidí participar en el concurso Pepsi Chart y le hice escuchar mi voz grabada, ahí se inició mi carrera, cuando gané se comprobó que lo quería hacer en serio.
Pero ganaste en baladas…
Sí, porque tengo facilidad para escribir baladas.
Ahora haces música peruana ¿cuál fue tu impulso?
Compartir con los jóvenes la música peruana, que no tiene que ser para los tíos nomás.
¿Sientes interés de parte de ellos?
No sé si es interés pero varios jóvenes me escriben diciendo que antes no les gustaba pero luego de escuchar mis canciones se sienten orgullosos de ser peruanos. Y eso me motiva mucho, me encanta.
¿Cómo ves el folclore actual?
Hay muchos géneros. Creo que ahora se ha perdido un poco el sentido de promocionar la música andina en conjunto, existe mayor individualismo y creo que ha bajado un poquito, porque creo que no ha habido una renovación de los artistas, hay estancamiento porque no aportan y el talento de cada uno se necesita para que nuestra música siga caminando.