Sounds of the Andes
- Filed under: manuel silva, musica peruana
- Date: oct 4,2010


Qué, no sabes quién es Manuel Silva?, le preguntó extrañado el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín al Presidente Alan García, ese 1986, año en que Lima se convirtió en el centro del universo cultural latinoamericano, cuando se realizó el festival CICLA.
¡Manuel Silva es el más importante exponente indígena de América Latina después de Atahuallpa Yupanqui! Yo pinto mis cuadros escuchando sus canciones.
Inmediatamente, el presidente envió a Enrique Cornejo, entonces Secretario General de la Presidencia, a dar con ese músico de quien nunca había escuchado. Silva era, entonces, director artístico de música andina del desaparecido sello IempsaOdeón.
Se sorprendió que le llamaran de Palacio de Gobierno; y al día siguiente estaba en la casa de Pizarro y lo llamaba maestro y lo abrazaba con un afecto único, como si lo conociera de toda una vida, ese señor canoso que se apellidaba Guayasamín (19191999), y que era uno de los más importantes pintores del globo.
Esa noche, Guayasamín presentó su exposición en Palacio, Manuel Silva fue el invitado de honor y honró interpretando unas canciones, un huayno lento y anónimo, con letra filosófica, ¿qué es la vida?.
Luego, la amistad con Guayasamín y el hijo de éste, Pablo, se hizo sólida. Silva se fue a dar conciertos a Quito y conserva en su modesta casa varios cuadros que le regaló autografiados el gran Guaysamín.
A Manuel Silva le llamaba Pichinkucha porque, como esa ave que se ve mucho en su natal Apurímac, su canto también es a veces triste, a veces alegre.
Esa profundidad del canto nativo le cautivó a Guayasamín, quien había escuchado al vuelo una canción suya en un quiosco en el Cusco e inmediatamente se compró todos los discos de ese señor Manuel Silva, quien hoy suma 64 de sus 75 años dedicados a su amada guitarra, dándole la melancolía única a los huaynos, a los carnavales, a los yaravíes.
En Quito, Guayasamín le pidió que por favor haga a su estilo de huaino indígena, Entre el espanto y la ternura, una canción que Silvio Rodríguez le había compuesto al pintor. Silva la arregló y la presentó en otra oportunidad en Lima a Guayasamín.
Este músico, que se define como un conservador porque le pone mucho cariño a la música tradicional, dice que en el próximo álbum que piensa hacer, grabará finalmente el tema del trovador cubano hecho huayno.
El 19 de enero, si existiera físicamente, José María Arguedas cumpliría 99 años. Como hace 10 años, la Derrama Magisterial conmemora su nacimiento con los ojos, las voces y los sentimientos de los migrantes e hijos de migrantes que habitan las barriadas que, en el fondo, expresan los ojos, la voz y el sentimiento del homenajeado.
Luis E. Valcárcel en la presentación de su libro “Tempestad en los Andes”, en la segunda edición de 1972, titulada 44 Años después termina con estas palabras: “No se había producido la “Tempestad en los Andes” que yo vaticinaba. Si la tempestad no se produjo con rayos y truenos, en cambio en estos veinte años un incontenible aluvión humano cayó sobre Lima y otras ciudades. Más de un millón de personas “tomaron” la capital, como un ejército invasor, sin armas. La “tempestad” ahora anda por dentro”.
Y nadie mejor para testimoniar a analizar esta tempestad que transcurre que José María Arguedas, sus novelas, sus poesías, sus cartas, sus estudios de antropología, de educación, de arte y cultura son testimonios irrefutables.
La Derrama Magisterial para esta ocasión realizará dos actividades sobre aspectos poco abordados de su legado.
El sábado 16 de enero Leo Casas desarrollará la conferencia: Arguedas y la música, en la parte musical intervendrán: Máximo Damián, Jaime Guardia y Manuel Silva (Pichincucha).
El miércoles 20 se realizará la mesa redonda: Cerros y Arenales Arguedianos: la serranización de la costa a cargo de Wilfredo Kapsoli y Vicente Otta.
En la parte musical estarán Margot Palomino, Doly Príncipe, Germán Fuertes, el grupo Del Pueblo y Del Barrio y Freddy Ortiz, cantautor del grupo Uchpa.
Las dos actividades culturales se realizarán en el Auditorio de Derrama Magisterial sito en la Av. Gregorio Escobedo 598, Jesús María, a las 7.15 p.m. El ingreso a ambas reuniones es libre.
“Canta como si todo un ancestro andino le llorara en la voz”. Manuel Silva “Pichinkucha”, tomó su nombre artístico de la frágil, pequeña ave de fino trinar que vive en los bosques andinos. Sin embargo, sus cantos, aquellos que hacen temblar y sentir el punzón de la nostalgia por el terruño, por el amor lejano, son terriblemente dulces, sublimemente graves y ásperos.
De Caraybamba, Aymaraes, provincia de Apurímac, Manuel Silva fue un imbatible cantor de serenatas en noches de luna, “cuando alguna muchacha bonita le rozaba con sus aromas y sus requiebros, el corazón, bajo la sombra del Apumarca, cerro guardián que él gustaba trepar en los años de su niñez y que no olvida aunque viva en Lima, donde se siente forastero a pesar de ser su ciudad natal”, evoca el poeta Arturo Corcuera.
Asimismo, convoca a los jóvenes, en calidad de maestro, para desentrañar e interpretar la música andina, sin perder su esencia. “Repito, su voz y su guitarra, en fin, el arte de Manuel Silva. Pichinkucha, traduce lo que dice el espíritu del hombre y la naturaleza, desde le fondo de la tierra. Es sin duda, un referente importante para entender la historia de la música quechua-andina peruana”, sostiene Carlos Huamán López de la Universidad Autónoma de México.
“De Caraybamba recuerda también su río Chiwiriya, que él oía cantar con congoja y al que trata de emular cuando entona los huaynos o las coplas de las herranzas. Las aguas de ese río familiar llenó de notas dolientes su corazón, las mismas que le brotan de su guitarra, con la que se fusiona hasta ser uno solo cuando canta sacudido por los temblores del amor”, continúa Corcuera. “Su guitarra, la única amante que Zunilda, su mujer, le permite abrazar y acariciar con pasión como si se tratase de ella misma”.
“Uno de sus más grandes galardones recibidos por el artista es la confesión pública que hiciera a la prensa limeña el pintor Guayasamín: “pinto escuchando las canciones de Pichinkucha”. Y como el melancólico gorrioncillo de su terruño, Pichinkucha sabe batir las alas y llevar sus endechas a otros cielos y a otros paisajes como un errante y taciturno juglar del ande peruano”, finaliza el autor de Noé Delirante.
Recuerde, la cita es el lunes 25 de febrero a las 7.30 en el ICPNA Miraflores (Av. Angamos Oeste 120). Entrada: S/.15.