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Su última confesión en el séptimo piso del hospital Rebagliati de Lima, donde se encontraba internada, fue: “voy a morir de pena”. Así Leonor Chávez Rojas, “Flor Pucarina”, se marchó para siempre en el viaje hacia las estrellas el 5 de octubre de 1987 lejos del aplauso de las multitudes
Aquella lejana fecha, el autor de esta nota la visitó, en su lecho de dolor, como editor del Diario Extra de Lima. En el corto diálogo pidió rezar por ella y visitar Pucará su añorada tierra que la vio nacer el 21 de setiembre de 1935. Los meses que soportó su enfermedad, por confesión propia, sintió e hirió su noble corazón la ausencia de amigos, de los miles de admiradores que la acompañaron en sus giras y la aplaudieron en coliseos y estadios repletos de jóvenes, adultos viejos que la olvidaron en sus días de dolor. Fredy Centi, director de la recordada agrupación “Los Pacharacos” y Chale Véliz fueron los pocos que la acompañaron al lado de Sergio Cárdenas, prefecto de Junín por aquel entonces. Tuvo que morir para que el afecto y cariño renacieran en el pueblo al que le cantó en tiernas jornadas “quiero morir para olvidar, tantas penas y amarguras…”o “mala, malita, mala robaste mi corazón…”, Ayrampido, Corazón mañoso, Vida bohemia, entre otros temas del baúl de recuerdos.. En 1976 en entrevista en el recreo “Las Brisas” de Pilcomayo habló de su infancia. Cómo de niña, sin zapatos venía desde Pucará acompañada de su madre y vendían chuño y yuyo con canch y ají en platitos de barro cocido en la puerta de la capilla del Señor de Chilca. Esos recuerdos de triste infancia la hicieron llorar y Correo captó esas imágenes. Sus declaraciones y fotos en el lente de Guillermo Joo aparecieron en página central con el primer titular de “Faraona del Huayno” que perdura a través del tiempo. El año de su muerte Lima vivía aún la influencia de la música de Santana y la agonía de la nueva ola peruana aunque los Shapis hacían una que otra presentación, ante público indiferente, en el salón Coricancha del hotel Sheraton. Los medios de comunicación con Ojo a la cabeza, al día siguiente de su entierro, publicaron una gran foto en primera página e interiores, de la multitudinaria despedida a Flor Pucarina. 20 mil le dieron el último adiós. Fue así cómo Lima y varios lugares de la costa del país, empezaron a admirar la voz, el sentimiento y la fuerza que sólo una faraona le imprime a sus canciones. La ausencia de 20 años de Flor Pucarina no mata el recuerdo.
CESAR VELIZ MENDOZA


La Faraona Huanca de cuna humilde

Paula Eugenia Chávez Rojas, conocida como Leonor Chávez fue pobre, tan pobre desde que nació el 21 de setiembre del año 1935, en una modesta casa de adobes de 2 cuartos, un angosto corredor y un pequeño patio del barrio 28 de Julio en Pucará, situado a 12.18 Km. al sur de la ciudad de Huancayo.
Leonor, más conocida como Flor Pucarina, conoció un mundo lleno de lágrimas, su niñez lo pasó pastando sus animales como cerdos y ovejas, semi descalza con la cabellera desgreñada con vestidos de justán de bayeta, chompas de lana y su característico mandil, llevando como fiambre un poco de cancha con talhui, papitas y la tradicional habas pushpo.
Cuando Leonor tenía 9 años, doña Alejandrina Rojas Iparraguirre, su madre, la llevó a la gran capital (Lima) en busca de un mejor porvenir y solo encontró desengaños, postraciones e indiferencias como todo serrano, pero supieron subsistir, esto sirvió para su carrera artística.
Su padre fue don Félix Chávez, natural de Barranco Lima. De su adolescencia y juventud se conoce poco, pero se sabe que trabajó como servidumbre en diferentes hogares, de costurera en el Callao, etc. Gustaba cantar rancheras en algunas emisoras de la Capital, su pasión era asistir a los coliseos.
Por razones del destino, los hermanos Teófilo y Alejandro Galván descubren que Leonor tenía dote de cantante. Después de muchos ensayos, el 8 de diciembre de 1958, a sus 28 años de edad participa por primera vez como artista en el coliseo Nacional de Lima, con la canción “Falsía” de Emilio Alanya, ese día el público la recibe apoteósicamente, consiguiendo la popularidad, fecha que jamás olvidaba. Desde aquel día inolvidable de su fama y su voz matizaba con huapidos propios de una raza indomable, rebelde de sangre huanca llega a la cúspide para convertirse en la faraona del cantar huanca.
Cuantas veces rodaron gruesas lágrimas por nuestras mejías, al escuchar su infinidad de canciones llenas de sentimientos y sufrimientos innatas, en 1965 se consagra definitivamente con la canción “Ayrampito”.
Sin embargo, la luminosa carrera vernacular comenzó a menguar, debido a una infección renal que al final la postró hasta ser internada en el hospital Rebagliati, y ahí fallece el 5 de octubre de 1987 a los 52 años. El día 7 fue llevado en hombros por las calles de Lima, en medio de miles de admiradores y acompañada por orquestas, artistas, personalidades, como un último gesto de adiós hasta el cementerio El Ángel.
Ella representa a miles de oprimidos, entre cholos, negros y mestizos que fueron la cultura andina, avasallada actualmente por la cultura occidental.
Gloria hoy y siempre a flor y sus canciones.

MAURO PAITAN BALDEÓN/PUCARA

Antena Sur 90.3 FM Huancayo - Peru
Surandino Jakuy Jakuy
Musica Don Humor