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El músico y productor César Isella le ganó un juicio millonario a a su ex protegida, Soledad Pastorutti, por incumplimiento de contrato.

“Me bajaron la cortina impunemente, sin ninguna razón”, dijo el folklorista a Radio 2. Así, explicó cómo se definió el juicio que mantiene con su ex protegida, de quien fue su representante durante los primeros años de su carrera.

“Cuando uno firma un contrato ante un escribano público lo tiene que cumplir. Soledad no lo cumplió, su familia tampoco. Lamentablemente tuve que iniciar un juicio, que acabo de ganar. Hablo de un juicio groso, no desde el dinero sino desde la moral. Mi familia quedó muy mal, ellos (la familia Pastorutti) me bajaron la cortina impunemente, sin ninguna razón, desaparecieron y no nos hablaron más”, dijo Isella.

Entre 1995 y 1997, Isella dirigió tres ediciones sucesivas de la Peña Oficial Festival Nacional de Folklore de Cosquín, e impulsó la participación de músicos jóvenes. Soledad fue una de las artistas que se destacó en esos años.


César Isella celebra sus 55 años de carrera


“Canción con todos”, considerada un himno latinoamericano, “nunca hubiera sido exitosa sin la voz de Mercedes Sosa”, aunque cuando se compuso “tampoco se hizo para que sea famosa” sino que llegó a la popularidad “por la historia y la gente y por eso perdura por más de 40 años”, afirmó el autor del tema, el argentino César Isella.

En el marco de la celebración por sus 55 años en la música y los 42 años desde que compuso junto a Armando Tejada Gómez “Canción con todos”, Isella recuerda los momentos más difíciles de su carrera “Todo lo que se creó durante las dictaduras fue valioso. El nuevo cancionero me marcó muy fuerte porque ahí tuve más acercamiento a realidades de América Latina. Canción con todos pasó a ser mi gran árbol plantado”, dijo a ANSA el ex integrante de los Fronterizos, grupo que alcanzó la fama internacional gracias a la “Misa Criolla” popularizada por Mercedes Sosa.

El artista destacó además que “si no hubiera sido por Mercedes Sosa la canción nunca hubiera sido tan exitosa. Si bien esa canción se cantaba en varios lugares y por distintos intérpretes, ella le aportó magia”.

“Nunca hice una canción para que sea famosa, lo hizo en realidad la historia, la gente, y por eso perdura una canción que tiene más de 40 años”, sostuvo el músico de 73 años, quien interpretó por primera vez ese tema en Chile, país del que dijo quedó enamorado por la propuesta del entonces presidente Salvador Allende.

Según el artista, el folclore de aquellas épocas era mucho más testimonial con cantantes y compositores como los chilenos Víctor Jara, con quien dijo tuvo una “amistad entrañable”, Isabel y Ángel Parra y los Inti Illimani, integrantes del nuevo cancionero latinoamericano junto los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

“El nuevo cancionero era muy rico, sobre todo en Chile, donde tuve una amistad entrañable con Víctor Jara, Isabel y Angel Parra, con los incipientes Inti Illmani y Quilapayun. Todos esos jóvenes estaban maravillados con Violeta Parra, quien era una vieja piantada (loca), que se mató por amor”, recordó Isella durante la entrevista.

Según el músico el actual folclore tiene “una ausencia de los grandes poetas, lo mismo que le ha ocurrido también al tango. En mis épocas, el aporte de los grandes poetas, ya no digamos de los músicos, sino de la poesía se destacaban tanto que terminaban inclinándose por la canción, ya que los poetas descubrieron que el hecho popular, era maravilloso. Por eso el arte y la música ha sido una influencia intelectual fuerte”, destacó.

Isella opinó que al folclore habría que pasarle ahora “un filtro para ver donde está lo testimonial. Ha cambiado el modo del mundo. Estamos en una nueva era que traerá cosas bíblicas, el exilio, el hambre, el agua, vamos a tener que ayudar, las canciones deberían ayudar”.

“La canción está exenta de los acontecimientos. Hoy los jóvenes están apurados por el éxito”, afirmó Isella, y sostuvo que eso hace que “las canciones se conviertan en algo comercial” y por ello es necesario “pasar un filtro nuevo para ver dónde está el testimonio bello de la canción”.

“Hay mucho talento, pero también mucho talento que no hay donde acomodar. Ahí está donde los jovatos (viejos) debemos trabajar mucho”, concluyó el ex integrante de Los Fronterizos, quien trabajó con prometedoras figuras, como le sucedió con la cantante Soledad Pastorutti, quien es conocida en varios países de Latinoamérica.


El cantautor argentino César Isella viajará este martes a La Habana, donde participará de la Feria Internacional Cubadisco y presentará su último álbum, ’50 años de simples cosas’, y un libro que recoge su rico anecdotario de vida.

‘Es mi cuarto viaje a Cuba y siempre es un placer ir a La Habana porque uno se encuentra con viejos amigos’, dijo hoy a Efe Isella, uno de los principales artistas del panorama folclórico argentino.El músico señaló que en el marco de Cubadisco se presentará en el festival ‘La Canción Necesaria’, un encuentro con poetas, músicos e intérpretes ‘ideal para intercambiar visiones y experiencias con la gente joven y conocer las nuevas expresiones de la militancia de la canción latinoamericana’.Isella explicó que esta ‘militancia’, que se gestó en los años 60 con el enriquecimiento de la canción a partir de los aportes de la poesía, se ve renovada ‘con nuevos talentos, cuyos nombres tal vez aún no trascienden, pero que no sólo hablan de la canción política, sino también le cantan al trabajo, al amor y a la alegría de los pueblos’.El artista señaló que estos jóvenes, como los militantes de la vieja guardia, comparten un interés sobre ‘la importancia de rescatar lo simple de la vida, no se vuelven locos con la globalización y no están al servicio de la tecnología, sino que se sirven de ésta para difundir su trabajo sin tener que depender de las grandes discográficas’.'En la savia de esta raíz nueva hay un canto a las vivencias más simples de la gente, su trabajo cotidiano, sus sufrimientos y también la alegría de la gente del interior’, afirmó el cantautor.Isella acaba de editar ’50 años de simples cosas’, disco en el que recorre hitos de su repertorio re-interpretados por ‘amigos’ como el español Joan Manuel Serrat, León Gieco y Adriana Varela.El lanzamiento del álbum coincide con la edición de un libro en el que Isella hace un repaso por su vida artística y personal con fotografías y anécdotas personales.Entre estos recuerdos que recoge el libro, Isella rescató en la entrevista con Efe aquella vez en que en 1995 hizo cantar al mismísimo Fidel Castro y a otros presidentes iberoamericanos su famosa composición ‘Canción con todos’, un himno a la unidad americana.Isella recuerda que cantó públicamente por primera vez ‘Canción con todos’ en Chile, durante una reunión con el entonces presidente Eduardo Frei Montalva.En 1995, en ocasión de una cumbre de presidentes en Argentina, Isella se acercó a Eduardo Frei Ruiz Tagle y le recordó aquella anécdota con su padre.Entonces Isella ofreció un pequeño recital para los mandatarios y le dedicó la canción a Fidel Castro, quien junto con Frei, Felipe González, el Rey Juan Carlos de España y otros jefes de Estado acompañó cantando la famosa pieza musical.’Era evidente que él y los otros presidentes se sabían la canción. Fue un momento increíble. ‘Canción con todos’ había sido por once años la cortina musical de Radio La Habana en la versión cantada por Mercedes Sosa’, recordó el músico argentino.Como recuerdo de aquel momento, Isella atesora una fotografía junto a Fidel con un autógrafo del propio líder cubano.Isella, quien el año pasado participó en Cuba de los festejos por los 80 años de Castro, planea presentar su nuevo disco en julio próximo en Buenos Aires con una serie de recitales.Famoso por haberle puesto melodía a la poesía de autores como Julio Cortázar, Pablo Neruda, Cesar Vallejo y Armando Tejada Gómez, entre otros, Isella ha compuesto más de 300 canciones, algunas de ellas famosas en las voces de Silvio Rodríguez, Chavela Vargas y Joan Manuel Serrat.

César Isella: "No soy un tipo fácil"

No hace falta presionar el rec del grabador y César Isella ya está hablando sin parar de sus “amistades del vino”, de lugares que conoció, de tiempos idos. Está exultante y en tren de recuerdos: para festejar medio siglo de trayectoria acaba de editar un disco y un libro que llevan el mismo título, 50 años de simples cosas. Isella abre la puerta de su departamento de Barrio Norte y, luego de disculparse por estar en medias —parece que una puerta malintencionada le estrujó el meñique izquierdo—, se acomoda en un sillón y por el living, entre pinturas de Berni y Guayasamín, empiezan a desfilar Evita (“a los 10 años, el mismo día que conocí el mar, la conocí a ella, y le canté Mamá vieja”), Hamlet Lima Quintana (“tratamos de hacer una película juntos, y nos estafaron”), el Cuchi Leguizamón (“te lo querías llevar a la mesa de luz; claro que te la iba a dejar llena de coca”), Salvador Allende (“yo quería hacer una revolución como la suya; quizás no me animaba a la del Che Guevara”). A sus evocaciones se suman, diseminados por la casa, los rastros tangibles de su vida artística. Sobre todo, de los siete años que pasó como padrino y productor de Soledad. De las paredes cuelgan las plaquetas por los récords de discos vendidos; en un cuarto hay un mini-estudio con una consola escrita de puño y letra por la cantante de Arequito (Gracias a esta mesa conocí cómo se grababa un disco, al que llamamos Poncho al viento!!! Qué emoción!!! Abril del 96-Abril del 99). Ella fue uno de los “antes y después” que Isella reconoce en su carrera.Alguna vez, usted dijo que su vida artística se dividía en tres etapas: Los Fronterizos, el movimiento Nuevo Cancionero y Soledad.Es así. Yo era un chango de provincias que, como todos entonces, frente al estallido de Los Chalchaleros intentábamos emularlos. Y en 1956 empecé con Los Fronterizos. Fueron diez años de mucha felicidad, sin premeditación ni alevosía con respecto a lo comercial: cantábamos porque nos gustaba cantar. Recién a los cinco años nos dimos cuenta de que podíamos vivir de esto: fue un día en que fuimos a la grabadora Philips y cobramos 111 mil pesos. Nos compramos cuatro camionetas, una para cada uno, y todavía nos quedó plata. Entendimos que esto era un oficio, porque hasta entonces nosotros estudiábamos y trabajábamos, y agarrábamos la guitarra cuando nos invitaban. ¿Había rivalidad con Los Chalchaleros?La misma gente creaba discordia entre un conjunto y otro, y nada de eso ocurría. Han sido conjuntos que han marcado una época muy bella, de un sentimiento provinciano que no estaba identificado con lo que pasaba en la Capital. Pero a la vez, los dos grupos se arraigaron aquí gracias a los provincianos que habían llegado en la época de Perón para industrializar Buenos Aires, que no se identificaban con el tango y menos con la música yanqui. Lo mismo que sucedió con el sanjuanino Antonio Tormo, cuyos primeros éxitos fueron El rancho ‘e la cambicha y Amémonos. ¿Por qué se fue de Los Fronterizos? Ya a los 27 tenía algo de sentido común, y me pareció que ya estaba bien haber estado diez años con un conjunto. No me fui enojado con nadie, aunque ya estábamos todos casados y empezaban las obvias rencillas de comunidad. Lo mismo que, por ejemplo, les pasaba a Les Luthiers, que tenían su propio psicólogo. Nosotros éramos muy provincianos como para andar con psicólogo: solucionábamos todo en reuniones de amigos, o nos poníamos multas si llegábamos tarde a los ensayos. Cuando me fui del conjunto no sabía qué iba a hacer. Todo el mundo me decía que era un gil, porque La misa criolla, de Ariel Ramírez y Félix Luna, interpretada por nosotros, se estaba vendiendo en todo el mundo. Ha sido lo más impresionante a nivel de representatividad de la música folclórica. Yo sigo cobrando regalías: quiere decir que se sigue vendiendo.¿Qué hizo entonces?Empecé a recorrer el continente: anduve por Chile, Bolivia, Perú… En 1963, con Los Fronterizos, habíamos ido a Mendoza y habíamos conocido en un mismo día a Atahualpa Yupanqui y a Armando Tejada Gómez, Oscar Mathus, el pintor Carlos Alonso, Tito Francia, y a una flaquita tucumana, la mujer de Mathus, Mercedes Sosa. Me sorprendió mucho el repertorio que ellos cantaban, era diferente a lo que conocía, tanto melódica como poéticamente. Le agregaban contenido a una música que hasta entonces era sólo descriptiva. Ese sonido nuevo me maravilló, y me agarré un metejón con ellos. Los Fronterizos grabamos los primeros temas del Nuevo Cancionero, y después con Armando me metí más en el tema. Una de las maravillas de mi vida ha sido haber aprovechado las oportunidades: yo me pegué a Yupanqui, a Armando, a Manuel J. Castilla, el Cuchi Leguizamón, una raza de gente muy clarita y generosa. Yo aprendí de esa gente: los padrinos de Los Fronterizos fueron Eduardo Falú y Ariel Ramírez. Falta la tercera etapa: Soledad. Usted dijo que con Los Fronterizos no tenía una visión comercial del tema. Y que apadrinó a mucha gente por amor al arte, pero con ella…Te puedo nombrar a un montón de artistas que apoyé ad honorem, excepto Soledad. Eso lo hice en función del pedido de la familia. Mirá, en 1994 Cosquín era un sello de goma: no iban ni los organizadores. En 1995 un núcleo de gente (Landriscina, Juan Carlos Saravia y otros) fuimos a poner el hombro para que se revirtiera esa situación. La municipalidad me dio a mí la peña oficial, y yo sólo puse como condición que priorizáramos a los jóvenes. Por ahí pasaron Luciano Pereyra, Los Tekis, Soledad… Cuando apareció la revoleadora de ponchos fue un escándalo: se alborotó todo Cosquín. En 1996 la subí al escenario principal, y cuando vuelvo a Buenos Aires el padre de Soledad me dice “Por favor, Don Isella, venga, lo estamos esperando que nos están llamando de todas las grabadoras”. No era mi oficio el de productor. Yo era secretario de Sadaic, cargo que me sacó mi vida de compositor e intérprete. Y lo de Soledad fue oxígeno para Cosquín. Bah, fue un despelote.¿Tuvo consecuencias esa revolución?Sí, y buenísimas, tanto para los históricos como para los nuevos. Cuando ella apareció, Los Nocheros venían trabajando desde hacía mucho tiempo, pero a partir de ahí despegaron. Y veteranos como Los Chalchaleros, por ejemplo, empezaron a laburar como en los mejores tiempos, porque lo folclórico se había agitado nuevamente: las familias llevaban a sus nenitos porque querían ver a Soledad, y a los abuelos porque querían ver a Los Chalchaleros. Los festivales y la producción discográfica se incrementaron de modo espectacular.¿Eso persistió en el tiempo?Sí, fijate lo que es hoy el Chaqueño Palavecino. Y no sólo se llena Cosquín, sino muchos festivales. El folclore tiene la magia participativa de la peñita, el asadito, lo humilde. No es la jarana del rock. El Cosquín Rock me parece nefasto: le afanaron el nombre a Cosquín para hacer un festival donde se les canta el tujes. ¿Entonces habría que decir que el renacer del folclore ocurrió gracias a usted?No diría eso. Aunque me arrogo un papel muy importante: no quiero caer en la falsa modestia. Si Soledad no hubiera recurrido a mi experiencia de más de 40 años en esto, todavía andaría con el poncho con olor a choripán. Soledad no era nadie cuando la conocí. Yo la traje a Buenos Aires y la llevé con los mejores para que la prepararan: Susana Naidich, Aníbal Pachano, médicos… Entre 1997 y 1998 hizo casi 30 funciones en el Gran Rex, porque yo hice un estudio sobre lo que pasaba con Soledad en Buenos Aires. Y vendió millones de discos. Y eso que era una changuita a la que todo el mundo se le tiró en contra, porque gritaba, revoleaba el poncho… Y ahora a esos artistas los veo comiendo empanadas con ella. Soledad es una gran artista y tiene una larga vida por delante, como la que tuvo Mercedes Sosa.Justamente, en ese período usted se peleó con Mercedes Sosa. Y después con Soledad. ¿No lo desprestigiaron esas polémicas?A Mercedes Sosa la respeto como cantante, pero está enojada con la vida y es muy intolerante: tiene una actitud stalinista y acaparadora. La gente que trabaja con ella dice que es un infierno; yo ese infierno lo conozco, porque también trabajé con ella. Cuando uno no puede formar una bella familia, como la tengo yo, se enoja con el mundo. Y Soledad no terminó el contrato conmigo y no tuve otra alternativa que iniciar un juicio. Pero es un asunto del pasado.¿No quedó mal parado en el ambiente musical con todo esto?Esta es una sociedad enferma: acá nadie perdona al que le va mal, y al que le va bien tampoco. El problema fue que yo primero fui gaucho, después comunista y luego un capitalista con suerte. Vieron que con Soledad nos fue fantástico, que firmamos contratos exclusivos, filmamos películas, vendimos millones de discos, y dijeron ¿cómo a este le va a ir tan bien?. Pero yo no pudo perder tiempo explicando qué clase de tipo soy, si me quedé con la plata de éste o de aquél… Tengo defectos a patadas, no soy un tipo fácil. Pero si llevo 50 años con esta vitalidad creativa, no debo ser ningún hijo de puta. ¿O no?

Gaspar Zimerman

César Isella, por partida doble

Al cantautor César Isella se le dio por recordar sus comienzos con el canto a través de un disco con músicos invitados y un libro de anécdotas. La cifra que elige, 50 años, lo merece. Seguramente su cuenta empiece cuando era un chiquilín e ingresó en un grupo fundamental del folklore argentino: Los Fronterizos. Claro que su camino no terminó ahí. Hubo después muchos discos, canciones (algunas famosas escritas con Armando Tejada Gómez) que ingresaron en el repertorio popular latinoamericano e historias con colegas y compañeros de ruta. Eso le permite hoy publicar, por Editorial Sudamericana, la autobiografía 50 años de simples cosas, bastante autocomplaciente, pero con varias entretenidas anécdotas y reflexiones sobre sus viajes y su música, y un disco que lleva el mismo nombre y tiene una larga lista de invitados (de Serrat, León Gieco, Teresa Parodi y Adriana Varela a Juan Carlos Saravia, Zamba Quipildor y el Chaqueño Palavecino; de los hijos de Isella, Fer y Luciana, a grupos de artistas “sin techo”). El disco, con una mayoría de temas propios, es muy variado. Y aunque al ver la lista de canciones y cantantes parezca un rejunte variopinto, cada tema tiene un arreglo muy cuidado y bien adaptado para que Isella haga dúo con sus invitados. Se destacan Serrat, que sin correrse de su estilo inconfundible interpreta “Resurrección de la alegría”; Saravia, con un tema de Gerardo López (a modo de homenaje a este fundador de Los Fronterizos), y el susurro de Teresa Parodi en “El amor te dejó”. También hay una rara versión de “Canción de lejos” por Fer Isella. Excepto por algunas pistas, la producción es realmente muy cuidada. El libro, de 222 páginas y 31 capítulos, pasa por distintos temas, desde el primer viaje de Isella a la Unión Soviética hasta un agradecimiento a Graciela, su compañera. Hay anécdotas de infancia, los años con Los Fronterizos, su simpatía por el Partido Comunista, los viajes durante su carrera solista por Europa y América latina, y comentarios acerca de la realidad social y política argentina, en diferentes momentos. Hay muchos personajes: Li Mei, el recuerdo ruso de un amor chino; soviéticos que, por supuesto, “no comían niños”; travesuras de changuitos; un profesor de guitarra que fue protagonista de leyendas de bandidos; recuerdos de la Serenata a Cafayate o del exilio en Europa. La mirada a veces pícara y otras cándida de algunos artistas cercanos a Isella aparece con frecuencia. Se habla de Atahualpa Yupanqui, César Perdiguero, Manuel Castilla, Antonio Carrizo, Enrique Cadícamo y Silvio Rodríguez, entre muchos más. Isella también opina sobre varios temas. Hace una defensa de los derechos de los autores y compositores y habla de su paso por Sadaic. Luego vuelve a su infancia con una anécdota del día en que cantó para Evita. Y más adelante recuerda el asado con Perón en Puerta de Hierro que no pudo ser. Si tuvo la oportunidad de comer asado con algún otro ex presidente argentino, no hay anécdotas al respecto. En general, el libro recorre situaciones entre las décadas del cincuenta y del ochenta. Son pocos los comentarios de los noventa en adelante. Quizá para otra publicación hable de su trabajo con músicos de la calle y de Soledad Pastorutti, a quien le dio el primer empujón en el camino profesional como padrino artístico. Esta autobiografía, si bien profundiza en algunos momentos de su vida, puede ser entendida como un anecdotario donde Isella siempre cae bien parado, con recuerdos en su mayoría felices o de esos que no lo son tanto pero que el tiempo puede teñir de nostalgia para ablandarlos.


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