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A los 8 años David Chumaña tuvo su primer contacto con la música de Los Kjarkas. El grupo boliviano tuvo una fuerte influencia sobre él y eso le abrió camino hacia premios y reconocimientos.

Chumaña tiene ahora 27 años y fue el elegido para escribir el tema oficial en homenaje a Tránsito Amaguaña, la activista indígena que murió en el 2009, en Pesillo, en el norte de Pichincha.

“La música de Los Kjarkas traía romanticismo y apego a la naturaleza”, dice el ahora cantautor de música folclórica latinoamericana. Y eso le llamó la atención porque se diferenciaba de la música social que también escuchaba de las voces de Mercedes Sosa o Silvio Rodríguez, por ejemplo.

Los Kjarkas, que han llevado el folclor de su país por todo el mundo, sembraron la semilla en este artista ecuatoriano. Además de los temas con letras románticas, el origen de los músicos bolivianos también atrajo a Chumaña, pues al igual que ellos, desciende de una familia de escasos recursos económicos.

Su padre fue albañil y en su niñez aprendió a tocar la guitarra (que era prestada). Ahora, tras 12 años de carrera, estará como invitado en el concierto de su grupo referente, el próximo 21 de octubre, en el coliseo Rumiñahui. Actualmente el grupo boliviano realiza una gira por América Latina para conmemorar sus 40 años de vida artística.

En estas cuatro décadas han tenido éxitos como Llorando se fue, Tiempo al tiempo, Sin ella, Son tantas noches, Señora su hija. Este último tema, precisamente, está incluido en el disco ‘Historia, convicción y compromiso’, de Arperus, que también aprendió de la música de Los Kjarkas.

Sus integrantes cantaban desde que estaban en el Colegio San Vicente de Paúl, en Conocoto. En 1997 el grupo se profesionalizó.

En el primer año en los escenarios, interpretaron varias canciones de los bolivianos que, según Hugo Íñiguez, estaban de moda.

Esas melodías cautivaron a los integrantes de Arperus por la sencillez con la que narraban la cotidianidad de la vida, en un tiempo en la que los cantautores hablaban de la lucha social.

Pero, con el paso del tiempo, dejaron de lado esos temas y empezaron a componer. Eso sucedió en 1998, cuando compartieron, por primera vez, escenario con sus referentes. “Pensamos que no valía cantar en conciertos los temas de nuestros colegas, porque más tarde aparecerían ellos haciendo lo mismo”, dice Íñiguez.

Los miembros de Arperus y Los Kjarkas son amigos. Sin temor a equivocarse, el músico ecuatoriano de Arperus dice haber cantado 50 veces junto a los músicos bolivianos. “Tenemos una buena relación con Gonzalo y Elmer Hermosa González, y Gastón Guardia Bilbao”.

Los dos primeros son músicos y miembros fundadores de la agrupación de música folclórica. Según Lin A. Céspedes, guitarrista de Los Kjarkas, el éxito para que su música siga sonando es porque están renovándose. “El folclor es un campo que sube y baja. Hay épocas donde la gente acude más a escuchar esta música y hay épocas que no. Si no acude es porque falta que sea renovado. Hubo una época en que se escuchaba las canciones de antaño y creemos que la baja del folclor se debe a la falta de propuestas”, aseguró esta semana en una entrevista con la agencia internacional de noticias ANSA.

Empero, Willy Mora, integrante de la agrupación Cantares del Viento, cree que los temas de antaño son las que mantienen con vida a Los Kjarkas. Lo dice respaldado en las nuevas propuestas que surgen de temas como Llorando se fue, interpretado actualmente por Jennifer López.

Al igual que Arperus, Cantares del Viento, con 20 años de trayectoria, aparecieron en la escena interpretando las canciones del grupo boliviano Los Kjarkas.


La música andina motiva a Arperus

Eligieron el camino del folclor por influencias familiares. Bien dicen que lo que se hereda no se hurta, y fue así como este grupo prefirió el charango y el rondador frente a la guitarra eléctrica y la flauta traversa.

Arperus se formó en los recreos y tiempo libre de las clases del colegio. En el valle de Los Chillos, estos ex alumnos del San Vicente de Paúl empezaron su pasión por las quenas y los charangos.

Escuchar música de los Kjarkas, Inti Illimani, Illapu o Quilapayún era su principal pasatiempo. Luego, de escuchar pasaron a versionarlos en el grupo del colegio.

“Era como un ‘desestrese’… la nota de juntarte con tus amigos, hacer un poco de música y ya. Pero después ya nos fue gustando y decidimos estudiar música y tomarlo en serio”, dice Santiago García, quien se encarga del charango .

Al graduarse, el pánico escénico ya no existía. Entonces el grupo pasó de ser un experimento de adolescentes a su apuesta profesional en la música.

Cuenta Hugo Íñiguez que tomaron esta decisión en 1997, pero en 1995 empezaron a componer todavía como un ‘hobby’.

Aunque cada uno ingresó a la universidad en carreras distintas, decidieron más bien dedicarse de lleno a la música, estudiando en el Conservatorio Nacional y en otras instituciones particulares.

Hugo Íñiguez, quien se encarga de los instrumentos de viento, de las congas y del saxo, cuenta que estaba cursando ingeniería electrónica, también siguieron un curso de etnomusicología en la Universidad Católica y otros en la Universidad Técnica de Manabí.

Por otro lado, Iram, el integrante chileno del grupo, entró hace un año. Él estuvo vinculado con la música mientras vivía en Europa y estudiaba Electrotécnica.

Su principal contacto fue con la música francesa sobre todo, pero también compartió escenario con figuras como sus compatriotas Ángel Parra y Patricio Manns.

Afirma haberse acoplado perfectamente a sus compañeros pese a llegar luego. Él cuenta que en el grupo todos componen, y que cuando uno de ellos se siente seguro de su texto les dice “muchachos, miren lo que tengo, escuchen… es algo muy democrático porque todos tenemos voz y voto”.

Aunque hay diseñadores, publicistas e ingenieros en el grupo, su principal pasión es la música.

Por eso su mayor satisfacción es haber podido participar en conciertos como Cantos de Libertad y otros encuentros del folclor latinoamericano en el Ecuador.

“En 1998 nos presentamos con Kjarkas en la Plaza de Toros Quito. El poder tocar con nuestros ídolos y sentir que ahora además son nuestros compañeros es una satisfacción bien grande para nosotros. Hemos tocado con Mercedes Sosa, Piero, Inti Illimani, Illapu, Quilapayún, Tupay… y con todos los más grandes de la música ha sido una responsabilidad enorme de representar al país y una tarea hermosa”, concluye Íñiguez.


Hoy, a las 20:00, en la plaza de Toros Quito se realiza el concierto Cantos de libertad. El espectáculo reune a los máximos representantes del canto folclórico latinoamericano. Participan Tupay y Kjarkas, de Bolivia; Illapu, de Chile; William Luna, de Perú ,y por Ecuador Manolo Criollo y los grupos Arperus y Jayac.La entradas cuestan USD 15 (general), 20 (preferencia) y 25 (sillas). Están a la venta en Etafashion del CCI, El Recreo y en las boleterías de la plaza.El sábado, a las 20:00, los grupos folclóricos llegan a Ambato. Se presentan en la plaza de toros de la ciudad. Las entradas cuestan 7 dólares (general), 12 (preferencia) y 20 (sillas). Asimismo, las agrupaciones Tupay, Kjarjas y Arperus se presentan el domingo 25, desde las 12:00, en Amaguaña. Y desde las 15:00 se presentarán en coliseo central de Nayón. En estos conciertos, los grupos ofrecerán temas nuevos. Los grupos folclóricos creen que hace falta mayor difusión del canto andino en Latinoamérica. En su estadía por el país, los integrantes de Kjarkas reinauguraron la Academia Musical Kjarkas. El instituto, ubicado por la avenida Brasil, acoge a 45 chicos de la ciudad. Tambien llegan de provincias.


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