Reflexiones acerca de la nación quechuaymara
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- Date: Nov 4,2008
Feliciano Padilla
Se viene hablando en los últimos meses, y con bastante frecuencia, de la nación quechua-aymara, tanto en las provincias y distritos de la Región Puno, como en la misma capital. A veces se llega a extremos racistas muy peligrosos y; otras, a posiciones radicales en las que se pretende negar la pertinencia de la opción socialista sólo porque sus creadores científicos fueron europeos. Los que vivimos en las ciudades, aunque estamos íntimamente articulados a los aymaras o quechuas, nos sentimos excluidos por estos enfoques. Por eso, es necesario intervenir con algunas reflexiones provisorias que permitan construir un discurso más sólido entre quienes hacemos puneñidad desde las áreas donde estamos ubicados. Mis ideas son perfectibles, pueden sufrir transformaciones porque no soy dogmático, menos fundamentalista.
I. ¿Qué es una nación? ¿Existe la nación peruana?
Nación no es un concepto o criterio abstracto. Es una realidad; algo que existe y posibilita la existencia de un conglomerado de personas unidas fuertemente por factores de orden histórico, económico, político, sociolingüístico y cultural. En efecto, hace alusión a una multitud de personas que interactúan en el contexto de una formación socioeconómica aferrada a un pasado común forjado por sus ancestros y continuado por ellos; que comparten una expresión cultural y una lengua unitaria (sin perjuicio de que sean una sociedad multilingüe) y; básicamente, que comparten un territorio geográfico.
Las naciones tal como se las conoce se formaron en Europa. Fueron instituidas luego de la revolución burguesa del siglo XVIII que liquidó las relaciones feudales y semifeudales y creó un gran mercado interno capaz de articular a toda la población nacional. Sin embargo, esta historia no se dio en el Perú, donde nunca existió una burguesía fuerte que llevara adelante su propia revolución. Por el contrario, incluso aun hoy, subsisten relaciones semiserviles que impiden la existencia de un mercado interno fuerte. Pues, aquí quedan pendientes el problema democrático y el problema nacional en tanto nuestra burguesía es pusilámine y servil, incapaz de acabar con las estructuras semifeudales y de crear un mercado interno articulando toda la población y el territorio.
Quiere decir esto que no hay nación peruana. Se decía que esta nación está en proceso de formación, pero, bajo estas condiciones nunca será posible. La nacionalidad, por su parte, es la manera de ser o el carácter peculiar de una determinada sociedad que se expresa a través de un sentimiento de pertenencia. En sociedades andinas como la nuestra la nación se explica por la nacionalidad, vale decir, por su forma de ser.
II. ¿Es posible adecuar los parámetros de la nación burguesa para conceptuar la nación y la nacionalidad andinas?
Si bien es cierto que no existe aún una nación unitaria, lo que se advierte en el Perú del siglo XXI, es un conjunto de nacionalidades. Vale decir, “maneras de ser” de los pueblos. Esquemáticamente se reconoce una forma de ser criollo-occidental asentada principalmente en la Costa, otra manera de ser considerada como andina y; las que caracterizan a las poblaciones amazónicas y afroperuanas, cada cual con particularidades económicas y socioculturales.
En el caso de las nacionalidades andinas, no es posible adecuar de manera mecánica los parámetros de nación surgidas con la revolución burguesa puesto que nuestras sociedades no han protagonizado este tipo de revolución. ¿Qué es lo fundamental en las nacionalidades andinas? No es la presencia de un fuerte mercado, no es el capital que liquida las relaciones semiserviles y que une con iguales posibilidades a todos los miembros de la sociedad. Por lo menos hasta este momento no lo es. Me parece que lo esencial es la cultura.
III. Cultura y sociedad:
Hay distintas formas de conceptuar la cultura. Alberto Escobar manifestaba: “Cultura es el proceso acumulativo de conocimientos, formas de comportamiento y valores que constituyen el legado histórico de cualquier grupo humano”. La cultura es nuestra forma de ser, pensar y hacer en determinado contexto histórico, debido a que cambia y se transforma de acuerdo al tiempo y al espacio.
La cultura y la sociedad están íntimamente relacionadas porque toda cultura es creada por una sociedad, no por un individuo. La lengua, en este sentido, es el instrumento que articula la cultura y la sociedad. Toda cultura crea una determinada racionalidad. ¿Y qué es una racionalidad? Es una forma de conceptuar y representar el mundo. En nuestro planeta hay cientos de racionalidades. Ninguna es superior ni inferior, porque responden a su propia idiosincrasia, a su peculiar forma de ser. Las racionalidades orientales son respetables. La racionalidad andina es respetable de la misma manera que lo es la racionalidad occidental. Algunas racionalidades se convierten en hegemónicas cuando se imponen a otras por medio del poder, pretendiendo borrar todo rostro y rastro ajeno a ella, tal como pretende la globalización.
IV . Características de la racionalidad andina:
La racionalidad andina ha generado su propia forma de conceptuar el mundo, cuyas principales características podrían sintetizarse en las siguientes:
“a: El mundo andino es animado: Para nosotros tienen vida los cerros, los ríos, lagos, plantas, animales y hombres.
b. Todo lo que nos rodea, incluyendo los Dioses, tienen carácter de inmanencia. Es decir, no hay nada sobrenatural.
c. El mundo es panteísta. Todo cuanto rodea al hombre es sagrado. Por ejemplo la Pachamama, la Mamaqota, etc.
d. El mundo es diverso. Hay diversidad ecológica, diversidad étnica.
e. El mundo andino es agrocéntrico. Todo gira alrededor de la actividad agropecuaria. Los espacios donde se pesca, se cría animales mayores o menores o donde se hace la chacra son el escenario donde se recrean las relaciones económicas, políticas, sociales, culturales, etc.
f. La religiosidad andina no es “opio de los pueblos”. Es parte de su tecnología simbólica, en tanto está vinculada a la producción y al desarrollo. “El pago a la tierra”, “el t’inkasqa”, “la ch’alla” son elementos de la tecnología simbólica andina” (Van Kessell).
g. Es panculturalista. Todos son cultos. El hombre cuida y cría las plantas, los animales, los cerros, la tierra, los ríos y; viceversa, éstos también cuidan del hombre. La Pachamama cuida o sanciona a los pobladores de una comunidad.
h. El mundo andino está regido por 4 valores básicos: la reciprocidad, la comunión hombre-naturaleza, el valor trabajo y el valor saber que coexisten con otros valores como el de la honestidad, la convivencia armoniosa, etc.
i. El tiempo es circular: Vuelve el ciclo del barbecho, de los sembríos, del aporque, de la cosecha. Vuelve el ciclo de las migraciones, retornará Pachakútek, Incarrí. No obstante conocen el tiempo lineal: pasado, presente y futuro aun cuando los conceptos son diferentes a los de la cultura occidental.
j. El espacio es sagrado y vertical. La Pachamama es sagrada. Se toma de ella lo necesario para el desarrollo sin causar deterioro ni destrucción. Es vertical, aprovechan con oportunidad los pisos ecológicos. También les fue conocido el espacio horizontal: un topo, medio topo, etc. que ahora han sido modificados por las medidas occidentales.
k. El concepto de desarrollo es diferente. No es la acumulación y la plusvalía lo que prima, sino, el concepto de seguridad y bienestar de la comunidad” (Padilla Feliciano:2006).
V. Crisis de la identidad:
Para comprender el problema de identidad y de a crisis de la identidad hay que ponernos de acuerdo sobre lo que es la identidad. Se dice que es un sentimiento y actitud de pertenencia hacia algo. La identidad consiste en reconocer como nuestra la imagen que el espejo reproduce de nosotros mismos. Muchos intelectuales hablan de maravillas acerca del indio y del indigenismo, pero cuando se encuentran con el indio real lo desprecian, lo marginan por su castellano motoso, por sus costumbres o por su forma de vestir.
En general, la sociedad peruana sufre una crisis de identidad. Sería largo de hablar. Subrayaremos solamente el hecho de que una gran mayoría de peruanos tienen vergüenza de hablar el quechua, el aymara o una lengua amazónica y que; en la música y danza, prefieren lo ajeno, lo mismo que en las costumbres y los valores. Esto es más condenable cuando lo hacen las personas que tienen como lengua materna el quechua o aymara.
Entre los factores que han incidido en la crisis de la identidad se puede señalar:
- El etnocidio cometido por los españoles desde su llegada misma al territorio nacional que a través de la Santa Inquisición promovieron la destrucción de ídolos, la persecución y muerte de los chamanes, yatiris y altomisayuq, mal denominados “brujos”.
- El trabajo compulsivo de la catequización y la conversión hacia el cristianismo.
- Debe mencionarse la labor negativa de los profesores que durante la República cumplieron una tarea condenable con su trabajo de castellanización y occidentalización compulsivas.
- La labor desquiciadora de los medios de comunicación masiva: radio, tv, periódicos y revistas que han orientado a la población a privilegiar moldes culturales ajenos y a menospreciar los nuestros.
- La globalización que impone a través del mercado esquemas mentales, valores y formas de comportamiento; que determina las relaciones económicas, laborales y sociales entre los peruanos; que en su afán de crear al ciudadano único, pretende borrar todas las formas culturales. Que, a través de su filosofía pragmática-utilitaria e individualista crea al hombre exitoso, a ése que tiene que triunfar como Montesinos o Fumimori, a cualquier precio, aunque sea delinquiendo o pisoteando el derecho de sus semejantes. En fin, un mercado que rebaja la calidad del arte hasta límites insospechados. Hoy la sociedad peruana se deleita con los talk show y con lo grotesco y ridículo de los enlatados; hoy se llama artista a cualquier bailarina o prostituta que ingresa a la televisión y se llama literatura a cualquier noveleta ligth o novela descartable que se impone en la sociedad de consumo. La globalización tiende a quebrar la identidad cultural y a poblar de idiotas deshumanizados el mundo contemporáneo.
VI. Dos proyectos políticos:
En la sociedad peruana, la guerra de la independencia, mostró dos caminos, dos proyectos políticos:
1. El proyecto criollo propuesto por los hijos de los españoles nacidos en el Perú
2. El proyecto indígena, de carácter nacional enarbolado por las nacionalidades indígenas y mestizas.
La derrota de Manco Inca, Santos Atawallpa, Túpac Amaru I y Túpac Amaru II, por una parte y; la victoria de las batallas de Junín y Ayacucho, así como la instauración de un sistema republicano en nuestro país, en el fondo significó la derrota del proyecto político indígena y el triunfo de proyecto criollo que continúa hasta nuestros días.
No obstante esta derrota, la lucha indígena (no debe decirse indio ni indígena dirán algunos) prosiguió bajo su forma de rebeliones, que se cuentan por decenas en los siglos XIX y XX, principalmente por la recuperación de sus tierras y por autonomía. Las luchas más importantes fueron el levantamiento de Juan Bustamante y la revolución de Wancho-Lima por el alto grado político alcanzado, ya que este último pretendió fundar la República del Tawantinsuyo dentro de la República oficial, con autonomía política, económica y administrativa. Como quiera que la capital del Perú es Lima, los peruanos de esta nación crearon para esta República Tawantinsuyana otra capital: Wancho Lima. La revolución de Wancho Lima representa el primer grito auténtico por autonomía y regionalización, en contra del asfixiante centralismo limeño.
La lucha indígena altiplánica alcanzó, también, el plano de la educación. Ahí tenemos al indio Manuel Alqa Camacho (más conocido como Manuel Z. Camacho), quien creó la primera escuela rural destinada a la educación de los indígenas. Es la escuela de Utawilaya donde se utilizó, por primera vez, la lengua aymara como vehículo de la educación y una cartilla preparada por el mismo Manuel Z. Camacho, quien, por este delito fue vejado y torturado por el obispo Ampuero y los hacendados de entonces. Estos levantamientos dieron lugar, en su momento, a movimientos literarios y político-partidarios.
Así llegamos hasta los ochentas del siglo XX. El proyecto criollo estaba agotado. No daba más. Pablo Macera se encargó de develar con la autoridad que tenía, las sedas con que se pretendía ocultar este agotamiento: “Para mí, las sociedades criollas y mestizas americanas han llegado al agotamiento de sus modelos o proyectos y no tienen futuro ni dentro del capitalismo ni dentro del socialismo” (Pablo Macera)
Si las sociedades criollas o mestizas no se encuentran capacitadas para instaurar el socialismo ¿Cuáles son los sectores sociales que sí podían o pueden hacerlo?
“Los peruanos somos testigos de cómo la incapacidad política de las clases dirigentes y el agotamiento del sistema democrático-burgués nos empujan a la antesala del colapso” (Valcárcel Rosina).
Está visto que se llega a una sola verdad inapelable: El proyecto criollo instaurado en 1821 se encuentra agotado y los sectores criollos no tienen futuro ya ni dentro del capitalismo ni dentro del socialismo. ¿Qué hacer? ¿Enarbolar el proyecto político indígena para la salvación del Perú? El desarrollo económico y la complejidad misma de la sociedad peruana ya no permiten esta alternativa. Otra vez, Pablo Macera se encargó de orientarnos al afirmar: “Cabe señalar que el agotamiento de los proyectos criollos en el Perú no tienen salida, pero, no nos deben inducir a plantear lo indígena como alternativa, sino, a recrear y a plantear la concepción socialista nutrida de la vertiente indígena a manera de una síntesis histórica” (Macera Pablo: Entrevista con Víctor Carranza, en Kashkaniraqmi).
De la misma manera, Luis Guillermo Lumbreras manifestó lo siguiente: “En consecuencia, desde mi punto de vista lo que estamos planteando no es una reindianización, ni un volver al Tawantinsuyo. Hace unos siglos era posible plantear una continuidad, idealista si se quiere. Hoy ya no. Ahora tiene que ver con nuestro sentimiento de identidad y con nuestra historia, asumiendo que nuestro patrimonio tiene ese carácter multiétnico, multirracial, pluricultural, y es dentro de esa pluralidad que nuestros pueblos han asumido un conjunto de colores y formas que han venido de acá o de acullá, pero, a partir de una matriz indígena que fragua como suyo todo lo que viniendo de todas partes le sea beneficioso para sus vidas” ( Lumbreras Luis Guillermo).
En consecuencia, el nuevo proyecto histórico alcanza por igual a indígenas y mestizos marginados en su desarrollo por la política centralista del gobierno. Se trata de un proyecto político orientado a inaugurar una nueva República de carácter multinacional, cuya unidad se base en la articulación de sus Regiones, con autonomía y auténtica descentralización y, cuyas competencias y atribuciones se irán conquistando en un proceso prolongado. La vinculación de lo andino a la opción socialista ya fue insinuada por Mariátegui; fue propuesta después por Flores Galindo. Recuérdese que José María Arguedas, también, nos hablaba de un “socialismo mágico”. Ha llegado el momento de que se sistematicen estas ideas claves en un discurso mayor que encare los problemas de la hora actual. La existencia de muchas nacionalidades sólo puede conducirnos a un estado multinacional.
VII. Cómo debe entenderse la nación quechuaymara:
La cultura andina actual es fruto del proceso de desarrollo económico-social de más de 500 años. Nosotros somos parte de la cultura andina. Tenemos conciencia de ella porque la vivimos de manera cotidiana, pero, muy a menudo no nos damos cuenta de qué es y cómo es. Una forma de saberlo es desestructurándola en sus elementos. La cultura andina tiene 3 componentes:
“a. El componente indio recreado. Aquello que los españoles encontraron cuando invadieron nuestro país y que ha ido recreándose en 500 años de estar interactuando con otras formas culturales. Es imposible que la cultura indígena se hubiera mantenido pura por su condición de proceso social. La lengua quechua y aymara usa préstamos lingüísticos del español; muchas formas de conducta han pasado a ser parte de la cultura indígena, así como costumbres, tradiciones, etcétera. Citamos un solo caso, el de los yatiris que al pagar a la Pachamama utilizan elementos occidentales.
b. El componente cristiano feudal que actualmente pervive en el campo y en la ciudad, bajo su forma de costumbres, tradiciones, religión y, particularmente, en la subsistencia de relaciones semiserviles, no solamente en el campo, sino, también en las urbes. Citamos como ejemplo el servicio doméstico sin sueldo fijo ni beneficios sociales de los ahijados. La Fiesta de la Candelaria es un ejemplo irrebatible del componente cristiano.
c. El elemento derivado de la penetración capitalista en el campo que ha trastocado actitudes y formas de comportamiento. Se usa, tanto en el campo como en las urbes, radios, televisores, carros, automóviles; los campesinos y, especialmente, las mujeres, se comportan como grandes promotoras de empresas y negocios de todo tipo y, donde el capital tiene una presencia predominante” (Recreación mía de la tesis de Rodrigo Montoya).
Un enfoque cultural, no racial, nos permite remarcar que la nación quechuaymara debe entenderse dentro de estos parámetros en la medida que no alude solamente a la masa indígena, inexistente ahora como hace 500 años, sino, también a la población descendiente de esa población indígena que vive en las ciudades serranas o en las periferias de las ciudades cosmopolitas, donde la identidad con lo aymara o quechua es una realidad innegable. Esta pertenencia es cultural- geográfico en tanto ya no es posible, en pleno siglo XXI, hablar de una posición racista.
La nación quechuaymara alcanza por igual a la población indígena altiplánica recreada en 500 años de resistencia y a la población mestiza de nuestras ciudades serranas principalmente, con todos los elementos culturales asimilados en ese proceso; sin embargo, el componente principal sigue siendo el elemento indio porque nos remite a nuestras raíces, porque es la savia que nutre la complejidad de nuestro espíritu.
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