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Vientos de Totora en Madrid

Pese a la crisis que está sumida España, Madrid, su capital, es una de las ciudades europeas más importantes. Convertida en un punto de confluencia cultural gracias a las migraciones más pronunciadas desde el Este europeo, el norte africano y el sur americano, la metrópolis se ha constituido en un espacio de manifestación de lo diverso, de la constante necesidad de encuentro y convivencia con el otro; del aprendizaje de nuevas y diferentes formas de entender la vida y expresar la identidad individual y colectiva. Madrid permite también recrear e innovar, preservar y difundir el bagaje de experiencias y saberes que acompañan a quienes optan por dejar el ambiente natal y afrontar la aventura del migrante.

Necesariamente, las manifestaciones culturales procedentes de Sudamérica han hallado plaza en la escena madrileña. Junto a una firme voluntad y esfuerzo, el sentimiento ha movido a personas provenientes de los países andinos a cultivar sus artes y costumbres, su vida lejos de casa y sus anhelos por la tierra añorada. Ese mismo sentimiento se hace extensivo a los madrileños y madrileñas al ponerse en juego una enorme capacidad para compartir y enseñar elementos de una cultura cuyos principios de vida vale la pena promover y respetar.

Peruanos y peruanas, aunque no exclusivamente, los integrantes de la Asociación Cultural Totora han acordado en su deseo colectivo de expresar en Europa una parte de su vivencia y maestría en el arte peruano, especialmente andino, procurando ser fieles a una máxima que guía sus acciones: “como aquella humilde planta cuando tallos separados son débiles, unidos somos fuertes”. Sin duda, cierta fortaleza ha sido necesaria para dar vida a una asociación que además acoge en su seno a otros colectivos de arte andino: “Raíces del Perú” dedicado a la danza; “Capulí, Vallejo y su tierra” cultor de poesía popular, “Perú Inti” especializado en interpretar música peruana y “Proyecto Katari” consagrado a la promoción del arte de los sikuris.

Mucha fortaleza, en todo caso, tuvo que ponerse en juego para que en el año 2008, al crearse Totora, los miembros fundadores se hayan cuestionado acerca del sentido de su presencia en España. Aldo Ramos, presidente de la asociación, refiere que las preguntas iniciales mantienen su vigencia al señalar: “La España cosmopolita del siglo XXI plantea incógnitas: ¿Tener o no tener cultura?, ¿Es posible un intercambio entre el mal llamado folklore y la cultura en sentido occidental?, ¿Nos habremos confundido en este mercado donde todo se compra con el vil dinero, asimilando turismo y cultura, y del que forman parte algunas asociaciones similares?”

Por ello, para Ramos, los objetivos están trazados claramente, se trata, en una realidad diferente, de “recuperar los elementos que han permitido resistir a nuestra cultura andina ante una agresión histórica del sistema de dominación y desprecio de nuestros hermanos indígenas en los Andes y la selva: la reciprocidad, dualidad, solidaridad y convivencia colectiva”. Todo un logro ha sido el homenaje tributado el 9 de enero a José María Arguedas.

El “Proyecto Katari” es el colectivo con mayor número de participantes y el eje del desarrollo de las actividades de Totora en Europa. Al haber asumido como tarea investigar, practicar y difundir la cultura andina quechua y aymara, principalmente proveniente del altiplano peruano-boliviano, dos son los estilos principales que desarrollan: el sikumoreno cuyo origen principal está en la provincia de El Collao y el sikuri interpretado en Moho y Huancané, especialmente el denominado “estilo Conima”.
Katari cuenta con experimentados ejecutantes del siku que han cultivado el arte musical altiplánico desde hace varias décadas y no dudan en hacer esfuerzos para formar parte de las actividades consagradas a esta práctica si ellas se organizan en la misma “Capital folklórica del Perú”. Para Carlos Benites, uno de sus más experimentados miembros y participante en el último Concurso Regional de Sikuris llevado a cabo en Puno el año 2009, hay una particularidad en la experiencia de sacar adelante el arte de los sikuris en Madrid, ésta “responde al desarrollo del sikuri, al traspaso de fronteras desde el Altiplano hacia el resto de regiones de Perú-Bolivia, hacia el resto de países de Latinoamérica; y se universaliza al alcanzar países fuera del Abya Yala”. En efecto, es una evidencia que en Alemania, Italia, Austria, Bélgica, Suiza, Francia, Rusia, Hungría y España, el arte de interpretar los sikus está inscrito en la vida de miles de personas que toman como referencia su desarrollo en la cuna altiplánica. Españoles e incluso un experimentado ciudadano ruso participan de la práctica de los sikuris en el Proyecto Katari a la vera del Manzanares.

Atravesado por el dilema de lo cosmopolita y lo local, interpretar el siku podría también contribuir a hacer de Puno, y de lo quechua-aymara altiplánico, parte de lo peruano desde la distancia. Froilán Condori, joven empresario aymara nacido en Ilave, que tras continuos viajes de negocio entre España y Perú se da tiempo para asistir a los ensayos y presentaciones de Katari refiere: “Lo más admirable de esto es que gente de otros departamentos del Perú, residentes en España, lo hayan convertido en parte de su vida; siento que eso les ha dado un sentido de vida, es de admirar cómo lo viven, lo disfrutan y lo sienten (…) yo como ilaveño me quedo sorprendido por la magnitud con que se vive ¡Y ésto sucede en España, en Europa!, cuando se lo comento a mis padres y amigos de infancia no lo creen.”

Indudablemente, un sentimiento se halla en el trasfondo del arte de los sikuris, una emoción compaginada con la añoranza del lugar de los orígenes, un sentimiento complejo que al asociarse al ámbito donde palpita y surge, al mismo tiempo, resurge para borrar nacionalidades. Por ello, para Daniel Chávez, quechua boliviano de una comunidad indígena cercana a La Paz, integrante de Katari, “La música no tiene fronteras, no limita espacios, el mundo andino no te hace distinto. La cultura del siku, gracias al propio instrumento, hace que se pueda compartir, allá donde haya el sentimiento de la persona, ésta lleva su arte, y el instrumento lleva a congregarse en torno a él.” Chávez participó hace algunos años en la Festividad de la Virgen de la Candelaria con un grupo de sikuris de Vilque Chico, para él es una gran fiesta hermosa y valora cómo miles de personas se organizan todo un año para que salga bien.

Por ello, estar prevenidos contra el riesgo de un Puno encerrado en sus tradiciones, incapaz de ver lo que ocurre y cambia en el mundo, implica mantener la actitud cálida que ha llevado a los miembros de Katari a vivir gratas experiencias en sus celebraciones y eventos culturales. Carlos Benites, tras su retorno del Concurso Regional de Sikuris destacaba “la amplia receptividad, la humildad, el compañerismo desde un inicio”. Tras esa experiencia -para Benites- “ser sikuri es prácticamente una forma de encarnar, a través de la música, el Ayni; esa ley de la reciprocidad aún vigente en nuestros pueblos andinos.”

Magnífica ocasión se presenta, con la celebración de la fiesta de nuestra patrona, para disfrutarla de cerca y lejos, para acercar Puno y Madrid, para enviarles y recibir enhorabuenas cargadas de vientos de Totora.

Para mayor información: http://www.asociaciontotora.com/

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