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Las flautas andinas, el sicu y la quena principalmente, sirven para algo más que para interpretar temas del folklore peruano o variaciones de ‘El Cóndor Pasa’. El concierto que Vlado Urlich dio en Praga el pasado martes, en el club Rybanaruby incluyó todo eso y mucho más, atacando desde música celta hasta Mozart, pasando por las Czardas de Vittorio Monti y temas propios.

Urlich, que empezó a hacer fusión en Perú cuando nadie sabía lo que era, contribuyó a renovar y dar frescura a la flauta andina principalmente como componente del grupo Yawar. Desde entonces ha seguido un camino marcado por la experimentación, como nos cuenta.

“No hago solo música andina, sino que también puedo meterte algo de música clásica, algo barroco… O incluso fusionar músicas de diversos estilos. Yo no es que haga en realidad folklor peruano, sino que cojo la música de raíz peruana y la fusiono con estilos como el jazz, el world music o el new age. El tema principal de esto es mostrar la versatilidad de las flautas andinas.”

Urlich, que se define esencialmente como intérprete de quena, combinó solos virtuosos de este instrumento con partes de sicu, la flauta de pan andina, y en algunos casos con acompañamiento reproducido por computador.

El público, en gran parte nutrido por la comunidad peruana de Praga, tuvo la oportunidad de saborear la mayor parte de las piezas del primer disco de Urlich, ‘Los Cuentos del Camino’, un tzrabajo polifacético, como nos describe el mismo autor.

“Es ‘Los Cuentos del Camino’ porque en realidad cuando lo grabé dije: ¿Qué grabo ahora? ¿Qué toco? Tenía tantas cosas que habían pasado. O sea, era un proceso desde que dejé mi último grupo importante hasta que empecé a hacer este nuevo proyecto: pasaron cinco años. Y dije: pues haré una especie de recopilación de más o menos lo que he hecho desde que empecé con la quena. Y por eso son ‘Los Cuentos del Camino’. Son mis cuentos. Los cuentos de mi camino como músico.”

Aunque a menudo se piensa que tocar flautas andinas es algo habitual en Perú, lo cierto es que, como nos cuenta Urlich, la educación musical de su país se centra únicamente en instrumentos europeos. La pasión de Urlich con la quena se la debemos a un flechazo casual, como nos explica.

“A los pocos meses de empezar con la trompeta pasó por enfrente de mi casa un joven soplando una flauta que yo no había visto en mi vida. Era una quena. Y el sonido me enamoró totalmente. Me enamoré del sonido. Salí de mi casa, salí a la calle, lo empecé a seguir y desde ahí pedí una quena a mis padres y empecé a trabajar poco a poco, a dedicarme cada vez más a esto. Pero fue enamoramiento puro.”

Vlado Urlich se encuentra actualmente afincado en Praga y previsiblemente no será la última vez que la quena o el sicu suenen en la República Checa. De momento ya ha reunido un grupo de músicos con el que seguir explorando nuevos caminos. Su próximo trabajo estará más enfocado al jazz.

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